Joffrey entra a sus aposentos y se encuentra a dos prostitutas enviadas por Tyrion. Una de ellas intenta animarle pero parece que no le gusta así que le pide que pegue a la otra. Ella empieza a dar azotes a su compañera pero Joffrey quiere más, más y más... hasta llegar a la tortura. El Rey de Poniente no tiene ningún reparo en amenazarla para que ceda a sus sádicos deseos. Su único placer es torturar.