Andy se da cuenta de que la fama no es tan gratificante como él pensaba. Su comedia ha recibido pésimas críticas y se ha ganado algunos fans de dudable reputación.
Por si fuera poco acude con Maggie, Darren y Barry a un club, donde se convierte en el hazmerreír de toda la sala cuando el cantante David Bowie le dedica una canción que habla de un hombre gordo que vendió su alma.
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