Mucho se ha escrito sobre la montería española, esa tradición ibérica venatoria tan arraigada. Aunque parezca lo contrario, las acciones cinegéticas cambian; los cazadores veteranos van dejando paso a los más jóvenes, que, también, con el tiempo, se harán veteranos.
Los perreros, harán lo mismo, los padres pasan la afición a los hijos, los hijos a los nietos. Los organizadores no están ajenos al paso del tiempo y los nuevos, toman las riendas de la montería española. Este reportaje muestra los cambios del tiempo en el deporte de la caza, poniendo especial interés en la relación entre monteros y rehaleros.
Por tanto, la estampa del rehalero y del montero en las cacerías es ineludible, es más, uno sin el otro no serían lo mismo en esta modalidad tan ancestral. El perrero y el cazador tienen el mismo objetivo: que la montería sea un éxito, y comparten un mismo sentimiento: la pasión por la caza.
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