En 1807, en Cajlice, un pequeño pueblo de Europa central, la malvada condesa Erzebeth Bathory descubre que, al igual que los vampiros viven eternamente por alimentarse con sangre humana, la sangre de las doncellas conserva la juventud para siempre. Poniéndose de acuerdo con su esposo, el marqués Karl Ziemmer, simulan la repentina muerte de éste para hacerse pasar por vampiros y secuestrar y matar a las jóvenes del lugar. De este modo, la condesa Bathory podrá bañarse en su sangre.
Un día Karl, en su búsqueda de víctimas, descubre a la bella Marina, una joven de la que se enamora. Pero la condesa los sorprende.
A partir de hechos reales, el guionista y director Jorge Brau En los primeros años 70 Jorge Grau apostó por el cine de terror apuntándose a un renacer del género dentro del cine hispano que consiguió bastante renombre. Esta inicia una trilogía junto a "Pena de muerte" y "No profanar el sueño de los muertos".
Grau en ésta, su séptima película, cuida mucho la estética, busca la desmitificación del cine de vampiros con una interpretación socio-política del mito y recrea de forma más o menos abierta el mito de la eterna juventud a base de beber sangre de jóvenes vírgenes. El guión del film está basado en el caso histórico de la condesa Bathory, que se bañó en la sangre de más de seiscientas doncellas, y en los documentos de su propio proceso y de otros seguidos contra vampiros en los siglos XVI, XVII y XVIII.
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